Gestión Ambiental

Sembrando Bienestar: la ciencia que demuestra que el ambiente también es medicina

Una charla del Mes Ambiental 2026 propuso una idea poco convencional: que un parque puede prevenir delitos, que mirar un árbol acelera una recuperación quirúrgica y que fotografiar una rana con el celular es, literalmente, un acto de salud pública.

Cuando se habla de "ambiente", la mente suele ir directo a tres lugares: árboles, cambio climático y reciclaje. La charla "Sembrando Bienestar: Ciencia Ciudadana, Salud y Ambiente", realizada en el marco del Mes Ambiental 2026 como parte de las acciones institucionales de promoción de la salud y la sostenibilidad, propuso otra entrada al tema menos predecible y, según la evidencia presentada, mucho más cercana al cuerpo y a la mente de cada persona.
A cargo del Dr. Edgardo Hidalgo Hidalgo, médico de la Sede de Occidente de la Universidad de Costa Rica, la sesión planteó una pregunta poco habitual en una charla ambiental: ¿y si el entorno fuera, en sentido literal, una herramienta clínica?
 

El barrio como receta médica
Uno de los giros más llamativos de la charla fue mostrar cómo el diseño físico de un espacio incide directamente en la salud mental y en la seguridad comunitaria. A través de los principios del CPTED (diseño ambiental para la prevención del delito), el Dr. Hidalgo expuso evidencia de que limpiar lotes baldíos, sembrar césped, hacer un jardín de polinizadores o una huerta comunitaria, no es solo estética urbana: un ensayo clínico aleatorizado a nivel de ciudad documentó una reducción de hasta un 39% en la violencia armada comunitaria tras este tipo de intervenciones. El mensaje fue directo: el deterioro urbano funciona como un estresor crónico que mantiene al cuerpo en alerta constante, y reverdecer un espacio puede ser, en ese sentido, una intervención de salud pública tan válida como una campaña de vacunación.


Lo que el cuerpo hace cuando mira un árbol
La charla también recorrió la llamada hipótesis de la biofilia, la idea de que los seres humanos tenemos una afinidad biológica con los sistemas vivos, con un dato que sorprende por lo cotidiano: pacientes hospitalizados que simplemente tenían una ventana con vistas a vegetación se recuperaban más rápido de cirugías y requerían menos analgésicos que quienes miraban una pared. A esto se sumó la explicación de los llamados "baños de bosque" (shinrin-yoku): inhalar los compuestos volátiles que liberan las plantas (fitoncidas) potencia la actividad de las células del sistema inmunológico encargadas de combatir células dañadas, un efecto medible que dura días después de la exposición.
Pensar menos, sanar más


Otro eje fue el efecto de la naturaleza sobre la mente "cansada" por la vida urbana. Caminatas en entornos naturales reducen la actividad de la zona cerebral asociada con la rumiación, que es un pensamiento negativo repetitivo vinculado a la ansiedad y la depresión, mientras que los estímulos naturales generan una atención involuntaria y placentera que le permite al cerebro descansar de la concentración forzada que exige la ciudad. En la misma línea, se abordó la eco-ansiedad que es el malestar psicológico ligado a la crisis climática y se planteó la participación comunitaria como una vía concreta para transformar esa angustia en sentido de agencia.

De pacientes a investigadores: la ciencia ciudadana como puente
La sesión conectó toda esta evidencia clínica con una herramienta al alcance de cualquier persona: El M.Sc. Rodrigo Rodríguez Rodríguez, gestor ambiental y docente del curso Seminario de Realidad Nacional de Salud y Medio Ambiente, del Sistema de Estudios Generales de la Sede de Occidente, fue el encargado de introducir el tema de la ciencia ciudadana. A través de la plataforma NaturalistaCR (la versión costarricense de iNaturalist), quienes participaron conocieron cómo una simple fotografía tomada con el celular de una planta, un hongo o un animal silvestre, se convierte en un dato científico verificado que alimenta GBIF, el repositorio de biodiversidad más grande del mundo. La plataforma acumula ya más de 240 millones de observaciones a nivel global y más de 100 mil en Costa Rica, un país que concentra cerca del 4% de la biodiversidad mundial y donde los registros ciudadanos ya documentan un aumento de más de 1°C en la temperatura media, visible en cambios de floración y migración de especies.


La propuesta fue clara: la misma caminata de 30 minutos recomendada para la salud cardiovascular puede ser una salida de observación de biodiversidad; los 20 minutos de contacto con plantas que reducen el estrés pueden ocurrir en un jardín mientras se registra una especie; y el tiempo de pantalla, en lugar de consumirse en redes sociales pasivas, puede convertirse en un acto de generación de conocimiento.


Esta conexión entre ciencia ciudadana y territorio tiene, además, un ejemplo a la mano: en el cantón de Grecia existe el Corredor Biológico Interurbano El Achiote, un espacio donde precisamente la ciencia ciudadana se utiliza como herramienta para monitorear y proteger la biodiversidad local. Iniciativas como esta muestran que no es necesario viajar a un parque nacional para contribuir a la ciencia: el ecosistema que conecta un barrio con otro, muchas veces invisible en el día a día, también puede convertirse en el laboratorio a cielo abierto de cualquier persona con un celular en la mano. La jornada incluyó también la utilización de juegos didácticos como herramienta calve para fomento de cultura ambiental.


Un llamado a cultivar, no solo a conservar
La charla cerró con una idea que resume el espíritu de "romper el esquema": la salud humana no ocurre en un vacío clínico, es el reflejo directo de los entornos sociales, urbanos y naturales que se habitan todos los días. Bajo el marco "One Health" y el enfoque de salud planetaria, se insistió en que cuidar la biodiversidad, diseñar barrios más seguros y promover hábitos saludables no son tres agendas distintas, sino una sola red de bienestar.


Con actividades como esta, la Universidad de Costa Rica reafirma su compromiso con una cultura de sostenibilidad y salud integral que invita a ver el ambiente no como un tema reservado a biólogos o activistas, sino como un componente activo y medible de la salud de cada persona y de cada comunidad.


Quienes deseen sumarse pueden descargar la aplicación iNaturalist, registrarse en naturalistacr.go.cr y compartir su primera observación esta semana: una mariposa, un árbol, una rana de jardín pueden ser el inicio de un dato científico.